domingo, 9 de junio de 2013

Mi corazón siempre será tuyo



¿Cómo era posible que mi color de piel no volviera?.Había intentado todo. Me puse a leer un libro, pero ni eso pudo lograr que me olvidara de Genaro. Hice la cena más temprano de lo normal, realice una pequeña  parte de mi tarea, puse a lavar mi ropa, intenté todo lo que se me pasaba por la mente. ¿Cómo era posible que mi color de piel no volviera?

Ahora estaba aquí en el espejo del baño viendo el color rojo profundo que había tomado mi piel y todo por él, por Genaro. Me sentía frustrada, ¿cómo era posible que ya estuviera imaginando cosas con él?, apenas lo conocía… ¿Qué rayos te pasa Daniela?. Esa era una buena pregunta.

-¿Daniela?... ya llegue.- .La voz de mi padre me salvó de una discusión conmigo misma, bajé corriendo las escaleras para darle la bienvenida.

-Hola papá; ya hice la cena, pondré la mesa y después te llamo a cenar. – el  solo asintió y se fue a la sala a ver un partido de béisbol.

Después de poner la mesa y todo lo necesario para comer, le hablé a mi padre para avisarle que la comida estaba lista. El apareció rápido y comenzamos a comer como era normal, en silencio, un tranquilo y relajante silencio, que a ninguno de los dos nos molestaba.

-¿Conociste a los amigos de tu hermano? – su pregunta  hizo que todos mis intentos por olvidar ese encuentro fueran una pérdida de tiempo.

-Sí.

-¿Te llamó la atención alguien en especial? – esa pregunta hizo que mi rubor aumentara así que baje mi cabeza e hice como si estuviera comiendo.

-Sí, se llama Genaro.

-Ya veo… es un buen muchacho. – Lo dijo como si lo conociera y también hizo que mi curiosidad apareciera.

-¿Lo conoces?

-Sí, he hablado con el muchacho, es un gran chico, es muy maduro para su edad.

Mientras me decía todo, lo que había platicado con él acudía a mi mente de nuevo, y eso solo podía significar algo, estaba más roja que un tomate. Ya había terminado de comer y si quería evitar que viera mi cara, tenía que decir adiós.

-Bueno… buenas noches papá.

-Buenas noches Daniela. – me levante de la mesa y subí a mi cuarto, ya me había bañado así que podía dormir un rato, aun sentía la cara roja.