La
campana que anunciaba el recreo sonó y como era de esperarse, todos los chicos
de la clase se tiraron hacía la puerta de salida como si no hubiera un mañana. Yo
solo los veía, al ver al grandulón Iván atascado
en la puerta con Carlos Jair, los dos niños de 6 años más grandes que había
visto en mi vida.
—Niños…—Murmuró
mi amiga Celia molesta. Y es que ella
odiaba con todas sus fuerzas a Carlos, que por el último tiempo se dedicaba
exclusivamente a tirarle de las coletas y escupirle chicles masticados.
Celia
y yo caminamos hacía el patio revisando en nuestros bolsos lo que nuestras
madres nos habían preparado. Cuando abrí mi bolsita de "Las chicas súper
poderosas" me entró la risa tonta.
Mi mama me había puesto un jugo
y un sándwich así que por este día no tendría que sufrir uno de sus fallidos
intentos de “comida”, con renovada
felicidad me dispuse a comer muy feliz, como en el patio de recreo había charcos del día
anterior en vez de dirigirnos hacía los
columpios, nos quedamos en la escalera techada de la entrada.
Los
chicos de mi clase estaban al fondo jugando al fútbol sin importarles quedar
todos sucios de barro.
Estaba
tan absorta con mi comida cuando lo escuche. Todos los niños y niñas se habían
congregado en la pista de fútbol. Y eso sólo podía significar una cosa:
— ¡Pelea!—Bramó
Lorena, acto seguido corrió como una loca hacía la multitud. La seguí a paso
seguro detrás de Celia.
Nos
hicimos un hueco entre los niños para poder ver quién se estaba peleando. Sentí
mi estomago saltar al ver que no era otro que Ricardo el que empujaba a Ivan por el pecho y le gritaba como un energúmeno.
— ¡Retíralo!—Bramó
Ricardo. Me asusté porque nunca lo había visto así. Iván estaba rojo, su cabello negro todo pegado en
su frente por el sudor— ¡No lo harás, ella es mi amiga!—Continuó Ricardo gritando
y empujando.
Ricardo era el más guapo del colegio y mi amor platónico, las siguientes palabras que salieron de Ricardo me regresaron a la realidad.
— ¡No será tú
novia yo la besaré primero!—Tras estas palabras Ricardo corrió hacia Brenda
y ante la cara de asombro de todos los
presentes, le plantó un beso. ¡Un beso! ¡En la boca! Abrí los ojos desmesuradamente.