sábado, 25 de mayo de 2013

Sin poder mirar, mirandote



La campana que anunciaba el recreo sonó y como era de esperarse, todos los chicos de la clase se tiraron hacía la puerta de salida como si no hubiera un mañana. Yo solo los veía, al ver al grandulón  Iván atascado en la puerta con Carlos Jair, los dos niños de 6 años más grandes que había visto en mi vida.
—Niños…—Murmuró mi amiga Celia  molesta. Y es que ella odiaba con todas sus fuerzas a Carlos, que por el último tiempo se dedicaba exclusivamente a tirarle de las coletas y escupirle chicles masticados.
Celia y yo caminamos hacía el patio revisando en nuestros bolsos lo que nuestras madres nos habían preparado. Cuando abrí mi bolsita de "Las chicas súper poderosas" me entró la risa tonta.
Mi mama me había puesto un jugo y un sándwich así que por este día no tendría que sufrir uno de sus fallidos intentos de “comida”,  con renovada felicidad me dispuse a comer muy feliz, como en  el patio de recreo había charcos del día anterior  en vez de dirigirnos hacía los columpios, nos quedamos en la escalera techada de la entrada.
Los chicos de mi clase estaban al fondo jugando al fútbol sin importarles quedar todos sucios de barro.
Estaba tan absorta con mi comida cuando lo escuche. Todos los niños y niñas se habían congregado en la pista de fútbol. Y eso sólo podía significar una cosa:
— ¡Pelea!—Bramó Lorena, acto seguido corrió como una loca hacía la multitud. La seguí a paso seguro detrás de Celia.
Nos hicimos un hueco entre los niños para poder ver quién se estaba peleando. Sentí mi estomago saltar al ver que no era otro que Ricardo  el que empujaba a Ivan por el pecho y le gritaba como un energúmeno.
— ¡Retíralo!—Bramó Ricardo. Me asusté porque nunca lo había visto así. Iván  estaba rojo, su cabello negro todo pegado en su frente por el sudor— ¡No lo harás, ella es mi amiga!—Continuó Ricardo gritando y empujando.

Ricardo era el más guapo del colegio y mi amor platónico, las siguientes palabras que salieron de Ricardo me regresaron a la realidad.
— ¡No será tú novia yo la besaré primero!—Tras estas palabras Ricardo corrió hacia Brenda y ante la cara de asombro de todos los presentes, le plantó un beso. ¡Un beso! ¡En la boca! Abrí los ojos desmesuradamente. 

El sin siquiera saberlo. Me había roto el corazón por primera vez.